Entre la cárcel y la presidencia de Brasil: Lula da Silva no renuncia a su candidatura

SAO PAOLO, Brasil.- Pocos políticos brasileños provocan pasiones como las que desata el expresidente Luis Inácio Lula da Silva. Horas después de que
un juez le condenó este miércoles a nueve años y seis meses de prisión por corrupción y blanqueo de dinero, la avenida Paulista de Sao Paulo se llenó de manifestantes a favor y en contra del expresidente.

Bajo la arenga de “Lula inocente, Lula presidente” se agolpaban centenas de personas que lo defendían como ‘presidente del pueblo’: “Es el único que se ha preocupado por nosotros, le debemos todo y no permitiremos que vaya a la cárcel”, decía Neuza dos Santos, profesora de escuela pública. A pocos metros decenas de personas vestidas con la camiseta de la selección gritaban “Lula ladrón vas al paredón”.

El expresidente Lula da Silva, quien fuera el líder brasileño más admirado de la región, recibió la tarde del miércoles uno de los peores golpes de su carrera. Pero no tan fuerte como para hacerlo desistir de su aspiración de reelegirse como presidente de Brasil en las elecciones de 2018, aún a pesar de que la sentencia lo inhabilita para ocupar cargos públicos durante las próximas dos décadas,

“Quiero decir a mi partido, que a partir de ahora voy a reivindicar del PT (Partido de los Trabajadores) el derecho de colocarme como postulante a la candidatura de 2018”, dijo el expresidente este jueves durante una rueda de prensa, bajo la aclamación de sus simpatizantes.

La crisis económica que atraviesa el país y la bajísima popularidad del gobierno de Michel Temer, que apenas tiene un 2% de aprobación, colocaron rápidamente al exmandatario como el favorito de los candidatos apenas anunció su intención de presentarse.

A pesar de tener cinco procesos de corrupción abiertos, una parte de la sociedad confía plenamente en el petista para volver a tomar las riendas del país. Las últimas encuestas del mes de junio de la empresa Vox Populi daban a Lula el 45% de los votos frente al 30% de sus posibles rivales.

Pero sus sueños presidenciales podrían truncarse si el Tribunal Regional Federal de la 4ª Región (TFR4) de Porto Alegre ratifica en segunda instancia la condena del juez Sérgio Moro antes de octubre de 2018, fecha en que se celebrarían los comicios. Como si de una partida de ajedrez se tratara, en estos momentos los tiempos son fundamentales. El diario
Folha de Sao Paulo recordaba que este Tribunal demora una media de un año y diez meses en ratificar o desestimar las sentencias del juez Moro, y un 54% de las veces han aceptado o incluso aumentado la primera condena.

Tres años después de que el magistrado Moro pusiera en marcha la Operación Lava Jato, que investiga la mayor trama de corrupción de Brasil vinculada con la estatal Petrobras, Lula da Silva se ha convertido en el político más importante del país en ser condenado en el marco de esta investigación: “Recibió la noticia con la serenidad del inocente y la indignación de quien ha sido condenado injustamente”, dijo Marcio Macedo, vicepresidente del Partido de los Trabajadores (PT).

La condena que podría “incendiar el país”

El juez Moro acusa al expresidente Lula da Silva de haber recibido 1.1 millones de dólares de la constructora OAS a cambio de conseguir que la empresa firmara tres contratos con la estatal Petrobrás. El pago de los sobornos se habría materializado en la compra de un apartamento en el litoral de Sao Paulo que además habría sido sometido a una serie de reformas también pagadas por la constructora.

El expresidente reconoció ante el juez que su mujer se interesó por el inmueble pero no lo llegaron a comprar, por lo tanto la vivienda nunca estuvo a su nombre y sí al nombre de la empresa OAS. Este ha sido el argumento fundamental de los abogados del exmandatario que han criticado tanto a la Fiscalía como al magistrado por acusar al ex líder del PT con una “total falta de pruebas” que indiquen que fuera dueño del apartamento y que ayudara a la constructora a conseguir contratos de manera fraudulenta.

“Solo han atendido a la confesión de alguien que diría cualquier cosa para salir de la cárcel”, dijo el abogado Cristiano Zanin, refiriéndose al testimonio del ex ejecutivo de OAS, Leo Pinheiro, que desde prisión firmó un acuerdo de delación premiada y aseguró que el inmueble sí pertenecía al expresidente.

Desde que el juez Moro aceptó la acusación del Ministerio Público contra Lula, tanto la defensa del expresidente como un sector de la magistratura brasileña han puesto en duda los métodos utilizados por el magistrado de Curitiba al que acusan de “parcialidad” y de “persecución política”.

Desde el Partido de los Trabajadores denuncian que la decisión de Moro tendría “fines políticos” y no judiciales para evitar que Lula volviera a ocupar el Palacio de Gobierno. Tras conocerse la resolución del juez, el senador del PT por Rio de Janeiro, Lindenberg Farias, advirtió que la sentencia provocaría el efecto contrario: “La única forma que tienen de acabar con Lula es enviarlo a la cárcel pero ahora los ciudadanos van a apoyarle más que nunca”.

Por ello, en la sentencia de este miércoles el juez Moro subrayó que no le hacía “feliz la condena” sino que “defiende el dictado que dice que no importa lo alto que uno esté porque la Ley siempre está por encima”. Moro también criticó que a lo largo del proceso judicial el expresidente “adoptó tácticas cuestionables” y llegó a “intimidar a agentes de la ley”.

Sin embargo, el magistrado decidió no enviar a Lula a prisión directamente a sabiendas de que una “decisión así podría incendiar el país”. De este modo Lula podrá esperar en libertad la decisión del Tribunal Regional Federal de la 4ª Región, y el desarrollo de los otros cuatro procesos penales que tiene abiertos, todos vinculados con el escándalo de la estatal Petrobras.

La reacción del mercado financiero se hizo notar rápidamente a favor de la decisión del magistrado. Apenas dos horas después de darse a conocer la condena, el dólar cayó y la Bolsa de Valores de Sao Paulo (Bovespa) cerró con su mejor marca de los últimos dos meses.

Presidentes van y vienen

El presidente Michel Temer ha sido uno de los pocos que ha preferido no dar su parecer en relación a la sentencia. Desde que la Fiscalía General del Estado lo acusó de corrupción pasiva, dedica todos sus esfuerzos por mantenerse en el gobierno y conseguir apoyos en el Congreso. En las próximas semanas los diputados tendrán que votar a favor o en contra de mantener las investigaciones de la fiscalía. Si decidieran seguir adelante el presidente tendría que abandonar el cargo y el líder de la Cámara de los Diputados, Rodrigo Maia, ocuparía su lugar. Fuentes de Brasilia dan por hecho la salida de Temer pero los partidos aliados todavía no han abandonado al mandatario.

El futuro del país a un plazo medio es igual de incierto. La incertidumbre en relación a los tiempos de la condena en segunda instancia deja un panorama completamente abierto para las elecciones del año que viene. El único candidato firme hasta el momento era el ex presidente Lula y en estos momentos tiene tantas chances de ir a la cárcel como de convertirse por tercera vez en jefe del Ejecutivo del país.

En apenas un año Brasil puede perder a un segundo presidente y ver como Lula da Silva, que dejó su cargo con un 85% de aprobación y con el respeto máximo de la comunidad internacional, pueda terminar sus días en la cárcel.

Caida Dilma

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